Por qué nos duele el bazo cuando corremos

Por qué nos duele el bazo cuando corremos

Publicado en: Revista Brando | 0

Es probable que alguna vez hayas sentido un dolor en el lateral del torso mientras corrías o hacías algún tipo de actividad física. Quizá consultaste a varios especialistas y nadie te dio una respuesta convincente, o fueron muy distintas entre sí.

Pablo Pelegri, especialista en Medicina del Deporte, lo explica fácil, claro y muy visual. Nos invita a imaginar el cuerpo humano como un sistema de tuberías, con muchas canillas y llaves que se abren y se cierran. Por esas tuberías viaja la sangre que transporta el oxígeno. Tanto los músculos como todos los órganos precisan sangre y oxígeno para funcionar. Nuestro sistema de tuberías es asombroso, y va abriendo y cerrando las canillas por sector para asegurar un mayor suministro en las zonas que lo requieren de acuerdo a cada situación Así, cuando comemos, por ejemplo, el flujo sanguíneo de los músculos del aparato locomotor disminuye porque la prioridad es asegurar un correcto aporte al sistema digestivo. Y cuando corremos, al revés: aumenta el aporte a los músculos de miembros inferiores bajando suministro de otras zonas.

“Ese dolor que se siente al correr al costado derecho o izquierdo obedece a ese mecanismo: la sangre, ocupada con tareas en otros lados, no está llegando en cantidad suficiente a los órganos de ese lugar”, explica Pelegri. Cuando ocurre en la derecha, es el hígado dolorido. Y en la izquierda, el bazo. Pero ambas situaciones responden al mismo problema: una deuda de oxígeno. Esta molestia es más frecuente en principiantes, pero también afecta a los experimentados cuando no hacen una adecuada entrada en calor, o realizan cambios de ritmo muy bruscos: arrancan con trabajos de alta intensidad de golpe sin dar tiempo al organismo para adaptarse a la nueva demanda.

El dolor es porque no llega oxígeno suficiente a los órganos. Cuando ocurre en la derecha es el hígado dolorido. Y en la izquierda, el bazo.

Se comenta que la puntada lateral viene de respirar mal, de comer o tomar algo antes de correr, de contar con una baja condición física, de no precalentar bien, etcétera. Y todas esas opciones podrían ser correctas. Si comés o tomás algo antes de empezar el entrenamiento, es más factible que la puntada aparezca: tu organismo precisará bastante oxígeno para digerir y no lo tendrá a total disposición, ya que lo requieren también las piernas. Si tu condición cardiovascular es pobre y estás exigiéndote de más, o si pasás de un esfuerzo leve a uno muy fuerte sin un tiempo de adaptación suficiente, también tenés altas chances de que el dolor lateral irrumpa.

¿Qué hacer?

¿ Qué hacer si la puntada ataca? Fácil: bajar el ritmo. Si estás corriendo, pasás a un trote; si estás trotando, caminás un poco hasta que se pase. Si estás caminando, disminuís la marcha, y si aún persiste el pinchazo, te detenés del todo. ¿Cómo prevenirla? Las palabras mágicas son: paciencia, constancia y coherencia. Sea cual sea el deporte o la actividad que realices, sumá de a poco estas tres variables y no todas juntas: frecuencia, cantidad, e intensidad. Si vas a hacer un esfuerzo importante, tomate un buen tiempo para entrar en calor con trabajos de movilidad articular y una actividad similar a la que viene después, pero a intensidad muy baja.

Tratar de respirar de forma completa y fluida también puede ayudar con la causa. Es común preguntarse si existe una manera correcta de respirar, pero la respiración debe ser lo más cómoda y natural posible. Es difícil determinar cómo y con qué frecuencia y duración inspirar y exhalar. Sí sabemos que el aire que ingresa por la nariz resulta más amigable porque se filtra y se calienta, pero cuando uno va muy exigido, con la nariz sola no alcanza, y no está mal inspirar por la boca también. O solo por la boca si las vías superiores están congestionadas.

El tema es no pasar de golpe de “nada a mucho” para que “las tuberías” puedan transportar y direccionar el oxígeno controlada y paulatinamente.

El primer mandamiento

El adjetivo estrella para que te grabes y así prevenir tanto las puntadas como cualquier lesión o dolor es: ” gradual”. La clave es respetar un proceso progresivo: de poco a mucho, de liviano a pesado, de despacio a rápido, de esporádico a frecuente, de la forma más gradual posible, dentro de la sesión de entrenamiento y de la planificación general.

 

Ver nota en Revista Brando