PABLO KOMMER
Empresario, runner y montañista
 
Practiqué deportes toda mi vida y siempre me decía: "algún dia voy a correr una maratón". Ese día llegó este año en la maratón de las Islas Malvinas. En el año 1982 estuve bajo bandera durante el conflicto con Gran Bretaña, y como muchos de mis compañeros, hubiera dado cualquier cosa con tal de ir a las Islas en ese momento. No se dio, y doy gracias por ello, pues había en nosotros una gran dosis de ignorancia más que de patriotismo.
Después de unos años me fui a vivir a Tierra Del Fuego y nuevamente Malvinas comenzó a dar vueltas en mi cabeza, quería ir pero no quería que sea un viaje más. Hace tres años me enteré de que allí se corria una maratón y me dije que podía ser una buena excusa para conocer las islas. Busque la forma de contactarme con gente que había ido o que tenia ganas de ir,y allí apareció Carolina Rossi, a quien había conocido en el Aconcagua (una persona muy especial a quien quiero, admiro, y respeto profundamente). Le comenté que quería ir a Malvinas a correr y para mi fortuna ella y su novio Pablo también estaban con muchas ganas de ir.
Si bien practico deportes desde siempre nunca había corrido regularmente y quedaban solo tres meses para prepararme. Lo primero que hice por pedido de Carolina fue ir al Centro medico para hacerme un chequeo general (cosa que recomiendo a cualquiera que va a comenzar una actividad deportiva) y luego Caro me armó un plan que sinceramente no pude cumplir a rajatabla ya que tuve que viajar por dos meses a Neva Zelanda. De regreso a Buenos Aires continué con mi preparación, había bajado bastante de peso, cosa que me daba mucha felicidad y ganas de seguir. La última semana antes de viajar entrené en Tierra del fuego y allí debuté con mi primer carrera 15 km con mucho viento y un poco de lluvia, terminé entero y feliz con mi primer medalla de runner. Estaba listo. En Punta arenas salimos a correr por ultima vez antes de tomar el vuelo con Caro y Pablo. Llegamos el sábado a Malvinas, dormí relativamente bien, nos despertamos temprano, desayuné liviano y salimos para la largada. El viento se hacía sentir y el frio también. Yo solo queria terminar la carrera sin sufrir y disfrutar. Conseguí las dos cosas, disfruté como pocas veces haciendo algo que me gusta, sentí el aliento de todos. Nunca me podre olvidar de los niños isleños en los puestos de hidratación dándote agua o alguna bebida energizante con una sonrisa enorme, de las familias alentándote bajo la lluvia y soportando el viento, y de un ex combatiente Ingles que hizo los 42 Km en silla de ruedas, a quien abracé muy fuerte y le di las gracia, pues su presencia me inspiraba a mi y a todos. Si me preguntan por el muro del km 30 les digo que sufrí más en algún entrenamiento cuando salía sin ganas que durante la carrera, pienso que todo depende mucho del objetivo que cada uno se plantea, yo quería terminar y disfrutar y lo logré con creces, Cuando comencé a correr no salí a buscar una marca o alcanzar a un rival, mi filosofía de carrera fue y será la de pensar que mi principal rival soy yo, que me tengo que batir a mi mismo, antes de pensar siquiera en batir a los demás y si ese nivel de autoexigencia se lleva hasta las últimas consecuencias no es raro que en el camino se termine batiendo a alguien. Para finalizar, a unos 500 metros de la llegada me vino a esperar Carolina quien había terminado bastante tiempo antes y me acompañó corriendo hasta la meta, una ídola total . Yo estaba tan feliz por terminar la carrera, por haber disfrutado tanto, pero fundamentalmente porque descubri algo maravilloso que es correr. Soy consiente que en mi caso es casi imposible que llegue primero en alguna maratón, pero les garantizo que gano siempre, gano cuando salgo a entrenar, gano cuando conozco gente por medio de este deporte, gano cuando puedo vencer al viento y al frio en tierra del Fuego, gano porque cuando corro soy feliz. . . en definitiva un runner gana siempre.

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LEONARDO ROS
INGENIERO INDUSTRIAL , RUNNER Y MONTAÑISTA AMATEUR
 
Mi primera maratón fue la de Buenos Aires 2011, en el circuito que salía de Belgrano, pasaba por el centro de Buenos Aires, La Boca, y volvía por la costanera; un gran circuito donde uno puede disfrutar de los diferentes puntos turísticos de Buenos Aires. Nunca pensé que correr llegaría a ser una parte tan importante de mi vida, empecé a correr para mejorar mi estado físico porque quiero subir al Aconcagua, y decidí unirme al team de Carolina Rossi al cual llegue por recomendación. Por una confusión lo hice en una clase grupal y no individual, lo cual agradezco enormemente porque esto no solo me permitió conocer a un grupo de personas increíble sino que también el hecho de ser un grupo me ayudó a continuar entrenando y mejorando cada día más. Cuando uno nunca corrió una maratón lo ve como un objetivo distante, lejano, casi imposible, pero cuando comienza a correr; empieza con carreras de 5km, luego de 10km y después se anima a la media maratón (distancia que considero ideal para correr), con un par de medias maratones corridas ya empieza a rondar en la cabeza la idea de correr una maratón. Para esto seguí un plan elaborado por Carolina al pie de la letra. Mi principal objetivo era terminar la maratón. Uno piensa: ¿seré capaz de correr 42,195 km? muchas veces dudaba, mis amigos me decían que estaba loco, pero cuando se comienza a correr siempre se buscan nuevos objetivos y desafíos. En el tiempo de entrenamiento pasé por diferentes temas personales que me colocaron en una montaña rusa de sentimientos: la enfermedad de mi abuela, el nacimiento de mi sobrina, y un cambio laboral que afectaban mi ánimo pero no mi espíritu de seguir hacia el objetivo: mi primer maratón. Entrenaba entre 3 y 4 días por semana, a veces con con frío, otras con lluvia, con sol y calor. Como corro sin escuchar música aprovecho el tiempo para pensar, y pensaba en todos los temas e intentaba ordenar mi mente. Sumando todos los km recorridos en los 4 meses de entrenamiento llegué a realizar 780 km!!! Recuerdo que el fin de semana de la carrera casi no conseguí dormir, los nervios y la ansiedad juegan un papel preponderante, me la pasé pensando, soñando, imaginando como sería la maratón. Y Llegó el día. Llegó la largada, nos juntamos con todos los compañeros de corrida, muchos de los cuales también eran debutantes en la distancia al igual que yo, y la última arenga.
Largamos, una multitud con un solo objetivo: superarse a sí mismo, demostrarse que se pueden correr los 42 km. Por primera vez hago una carrera inteligente, ¿que quiere decir esto?, que empecé a un determinado ritmo y seguí en el mismo. Promediando el km 10 se me acalambró el gemelo, y me digo: ¡no puede ser,  a esta altura no pude estar pasando esto! consigo continuar tratando de elongar y por suerte pasa el dolor, sigo sin problemas, sigo corriendo y llego al km 21 en 2hs 10 min, continúo, llego al km 27 (es la distancia mayor que había corrido hasta ese momento), a partir de allí; lo desconocido, comienzan los dolores en las rodillas, luego en los talones, por suerte pasan rápido y continúo, no siento el famoso muro, continúo corriendo y en el km 35 mi amiga Mariela Gutierrez me acompaña haciéndome más ameno el último esfuerzo, me deja faltando 2km para la meta, en los últimos metros siento qu tengo mas energías, corro como si no lo hubiese hecho por 4:30 hs, recuerdo a mi abuela fallecida unos días atrás, siento que me alienta desde el cielo, a mi sobrina con unos pocos día de vida, a mi familia, a mis amigos, a mi entrenadora Carolina, me embarga la emoción y se me escapan unas lagrimas por todo el esfuerzo realizado. La sensación es increíble. Me sentía feliz, en paz.
Luego de cruzar la meta veo a May y a Panchita que nos habían ido a hacer el aguante, es también importante tener un grupo que apoya y alienta tanto a los que corren compartiendo los momentos pre y post maratón (que son los más gratificantes). Y después; a pensar en la próxima maratón, porque como me había dicho Carolina; la maratón es un camino de ida.

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SANTIAGO CARREGAL
RUNNER Y PEREGRINO
 
La primera maratón de la que participé fue en la 12º edición del Marathon Adidas de la República Argentina, el 24 de septiembre de 1995. se largó a las 8 de la mañana, un día soleado y muy caluroso por ser el comienzo de la primavera. La carrera comenzó frente al Club de Amigos en Figueroa Alcorta y Sarmiento; se iba por Libertador hasta La Lucila en Vicente López y se volvía por Lugones hasta Sarmiento para dar un circuito por Palermo hasta el lago del Golf y terminar donde se largaba, frente al Club de Amigos.
Mi preparación fue muy escasa, solo entrenaba los fines de semana y un mes antes de cada carrera, no existían los running teams y los profes, solo trabajaban en los clubes con atletas federados. En años anteriores participaba en las carrera de integración (10 o 21K), en simultaneo con la Maraton, pero quería probar con una de 42. La largada fue multitudinaria, los que corrían la de intergación eran como 7000 y se separaban en el km 5, al llegar al Km 20 yo no daba más y el agua se había agotado en todos los puestos de hidratación. De ahí hasta el final comencé a caminar y alternaba con trotes suaves, me di cuenta de que tenía ampollas en los pies, no sabía como apoyarlos para que no me molesten y el calor se empezaba a sentir mucho. Calculé que el ganador estaría llegando a la meta y a mí me faltaba la mitad del recorrido. Todo el largo de la avenida Lugones lo hice caminando y empecé a trotar por el Km 35, éramos como 20 que estábamos últimos y veíamos la ambulancia atrás nuestro que marcaba al último corredor. Había un tiempo límite para llegar que era de 5 horas y media; faltaba un km y yo ya iba por 5 horas y cuarto. Me di ánimo para terminar dentro del horario límite. El último km lo corrí como si recién largaba. Al llegar casi no había nadie, ya estaban desarmando el podio y las tribunas y sacando el vallado porque en 10 minutos se tenía que abrir la avenida Figueroa Alcorta al tránsito. Me dieron la medalla de finalista, y recuerdo que nos saludábamos entre los últimos por haber terminado como si fuéramos amigos de toda la vida. Ya no tenía ampollas, aunque tenía las media pegada a la carne viva y casi no podía caminar. 15 años después en la peregrinación a Santiago de Compostela en España, llegando a Compostela vi a muchos peregrinos que llegaban con los pies muy lastimados como los míos en la maratón, y vi una remera con un dibujo de dos pies con ampollas, vendas y curitas y la leyenda “El dolor es pasajero, la gloria es eterna”. Me acordé de inmediato de mi primera maratón. No me importó tardar 5:20:03 y llegar 1084 entre 1113 finalistas; ese momento al cruzar la meta es mágico, es para uno y eso no tiene precio.  

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CAROLINA ROSSI
ENTRENADORA Y RUNNER 

Mi primera maratón fue en Buenos Aires en el año 2008. No era el mismo circuito de ahora; largaba en Villa Lugano en Parque Roca y terminaba en Nuñez en el Parque de los Niños. Fue incómodo tener que estar tan temprano en un lugar que no quedaba cerca, y menos aún; terminada la carrera; cansados y sin ganas de dar un solo paso más tener que volver los 42 kilómetros hasta la largada a buscar el auto. Aún recuerdo que tuve que tomar un colectivo y pedirle al chofer que me deje viajar gratis porque no había tomado la precaución de quedarme con un billete siquiera encima. Pero la adrenalina y la alegría de correr una maratón por primera vez compensaban y atenuaban todo lo demás. Estaba feliz. Muy feliz. Ese domingo 11 de octubre de 2008 marcó un antes y un después en mi vida runner. Porque una vez que corrés 42 k; por más que prometas cada vez que cruzas la meta que no lo vas a volver a hacer, no parás más. Es como una adicción. Me acuerdo que llovió casi toda la carrera y que lo disfruté muchísimo. No era tormenta, era una llovizna agradable que te referscaba y hacía correr más aliviado si no aspirabas una marca determinada. Mi única ambición era llegar. Porque era la primera, y cuando es la primera lo importante es llegar; todo es nuevo y desconocido y más vale ser prudente. No había entrenado mucho; tan sólo unos 30 kilómetros semanales aproximadamente, y la mayoría corriendo en clases con alumnos: no había hecho un plan específico para mí. Por eso; quedé más que conforme con mis 4:18 del debut. Era mucho mejor de lo que esperaba.
Disfruté muchísimo la carrera pese al muro, que se hizo presente por la costanera; creo que alrededor del kilómetro 30. Esos últimos 12 los padecí un montón, tuve que aminorar considerablemente el ritmo que llevaba de 6 minutos el kilómetro para acercarme más a los 7. Pero los últimos 2 fueron increíbles. La adrenalina se apoderó de mi inyectándome una dosis de energía sin igual. Los corrí abajo de 5, y la recta final de 200 metros fue al son de "Sorry" de Madonna al mango en mis auriculares, cantando y sonriendo como una loca inmensamente feliz.